Cláusulas penales en los contratos de alquiler: un abuso común pero intolerable

¿Qué es una cláusula penal? Es una cláusula abusiva según la cual la propiedad se otorga el derecho de sancionar económicamente a los inquilinos por cada día que pasen fuera de contrato. Esta cantidad de penalización es el doble de la renta pagada mensualmente dividida entre treinta días: es decir, en un contrato donde se paga 900 euros en el mes, la penalización diaria llegaría a los 60 euros por cada día que los inquilinos se quedaran en el piso con el contrato ya vencido, además de la mensualidad normal de alquiler, es decir, se triplica el precio.

Esta cláusula abusiva es bastante frecuente y es utilizada tanto por grandes fondes buitres como por rentistas con nombres y apellidos, así como por administradores de fincas con prácticas especulativas. El abuso de esta cláusula es flagrante: un inquilino puede encontrarse con auténticas dificultades para marchar del piso donde ha vivido los últimos años y encontrar otro; la penalización supone que no solo vivirá con el peso de tener que abandonar su hogar, sino que, a pesar de haber pagado mensualmente la renta debida, todavía se arrastrará una deuda maliciosa.

Ejemplo de cláusula penal

clàusula penal

Este es el caso de Lara y Sergio, inquilinas a las cuales el arrendador, la familia Llor, una poderosa familia rentista con bienes inmuebles en toda Cataluña y más de 200 pisos solo en Barcelona, quiso expulsar de casa una vez finalizó el contrato. La expulsión llegó después de que Lara y Sergio denunciaran el estado lamentable de la finca a los servicios de inspección del Ayuntamiento de Barcelona, que dieron la razón a los inquilinos. Además de enfrentarse a un juicio por desahucio por finalización de contrato, la pesadilla de Sergio y Lara no acabó una vez cambiaron de piso y de barrio. Actualmente, los Llor todavía siguen la encarnizada ofensiva contra los inquilinos, reclamando una suma de 8.000 euros en concepto de indemnización y de la famosa cláusula penal. El padre de Sergio, como avalista, también se ve perjudicado. 

No es el único caso. Otra afiliada, Marta, se encuentra en la misma situación; después de un tiempo intentando negociar para evitar una subida que el propietario, Lluís Mosella, le quería imponer, finalmente éste expulsó a Marta de casa. El propietario de Marta es un rentista que además de economista, profesor universitario y ex-asesor del Conseller Mas Colell, es empresario en posesión de una funeraria y de una constructora-inmobiliaria. No teniendo bastante con haber expulsado a Marta de casa, hoy todavía la persigue judicialmente, y a pesar de que ella no faltó nunca a ningún pago de renta, todavía le quiere extraer 15.058 euros en concepto de penalización.

Estos casos son un claro ejemplo de que el rentismo no tiene límites a la hora de estrangular a los inquilinos. Hay que ir con mucho cuidado cuando firmamos un contrato, puesto que nunca podemos estar seguros de haber topado con una propiedad o administrador con prácticas abusivas. Desde el Sindicato, queremos advertir a los inquilinos que no acepten firmar un contrato que contenga esta u otras cláusulas abusivas y recordamos que el Sindicato puede ofrecer asesoramiento antes y después de la firma de un contrato.

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