De la burbuja del alquiler al Sindicat de Llogateres: 4 años de lucha por una vivienda digna

Cuando impulsamos el Sindicat de Llogateres, la situación era dantesca. A pesar del estallido de la burbuja hipotecaria y las miles de vidas desahuciadas, la prioridad de las administraciones consistía en que los precios de la vivienda volvieran a subir. La crisis seguía, pero había que reactivar los beneficios inmobiliarios. Y la solución fue trasladar la especulación al alquiler. En 2012, el Estado comprometió más de 110.000 millones de Euros para que bancos y fondos buitre pudieran acaparar viviendas y dedicarse a subir el alquiler a miles de familias, pagando menos impuestos que nadie. En 2013, redujo los contratos de alquiler a tres años y facilitó las expulsiones, garantizando que las rentas pudieran aumentar rápido en todas partes. «Mayor dinamismo», dijeron.

El resultado de estas reformas fue inmediato: en pocos años los alquileres se dispararon como nunca. Más empobrecimiento y más desahucios. Miles de personas sufriendo el chantaje de tener que escoger entre pagar un 30% más o tener que irse de casa. Muchas viendo como ni siquiera pueden acceder a una vivienda porque el mercado las discrimina, mientras no deja de desviar casas a la especulación turística o las mantiene vacías.

De hecho, el problema viene de lejos. Todas las medidas adoptadas desde los 80′ han consistido en un ataque permanente contra la vivienda y la dignidad colectiva: ya sea sacando protecciones a quien no tiene más remedio que vivir de alquiler, o impidiendo la creación de un sistema público a la altura de la educación o la sanidad. Desde hace tiempo, el capitalismo trabaja para convertir un bien absolutamente vital, del que dependen muchos derechos, en un activo financiero.

El Sindicato nació con la voluntad de cambiar esta realidad. Con el horizonte de sacar la vivienda del mercado para garantizar vidas dignas, pero sabiendo que la manera de empezar a acercarse a ellos es ganando terreno al sistema de rentas inmobiliarias que determina la vida de mucha gente. Y en sus tres años de vida, no hemos dejado de dar pasos en este sentido:

  1. En Febrero de 2018 iniciamos una campaña de desobediencia pacífica a las subidas abusivas y los desahucios invisibles: #EnsQuedem. Se abría así el marco de la negociación colectiva y se rompía con el aislamiento de mucha gente en el campo del alquiler. Se iniciaba un ciclo de huelgas parciales, asambleas y protestas disruptivas, apuntaladas por manifestaciones masivas como las lideradas por los bloques de Medasil o de Azora. Desde entonces, más de 1.000 personas vinculadas al Sindicat se han quedado en casa con un alquiler más asequible y estable, sin contar todas aquellas que se han beneficiado indirectamente.
  2. Gracias a todas estas personas que han desobedecido la ley que en marzo de 2019 empezamos a cambiar las reglas del juego: haciendo que los contratos pasen a ser de 5 o 7 años; que los honorarios de las agencias los tenga que pagar quien cobra el alquiler, al menos cuando es una empresa; o que se pueda recuperar la fianza fácilmente si ha sido injustamente retenida. Y en septiembre de 2020 dimos un nuevo paso, con el impulso de una ley que pone fin a las subidas del alquiler y conlleva bajadas.
  3. El Sindicato ha convertido en un referente en la lucha contra el acoso inmobiliario y las cláusulas abusivas en los contratos de alquiler. Desde julio de 2018 hemos impulsado varias demandas administrativas y judiciales a grandes rentistas, consiguiendo multas que pueden sentar un precedente.
  4. Además de acumular poder de negociación y de garantizar derechos dentro del mercado de alquiler, hemos promovido activamente la ampliación del parque de alquiler asequible. Por un lado, batallando para conseguir que la vivienda vacía o desviada en el mercado turístico se transforme en alquiler asequible. Por otra, participando en el impulso de normativas que obligan a los promotores privados a hacer vivienda protegida en las nuevas promociones inmobiliarias, y aseguran que nunca podrá ser privatizado.

Estos primeros hitos son sólo una parte de lo que el Sindicato ha conseguido gracias, sobre todo, a su base social de más de 2.000 hogares afiliados. También en el movimiento por la vivienda, así como miles de entidades. Es por todas ellas que hoy podemos decir que una organización sin lugar a financiación externa y nacida de la nada se ha convertido en una referencia. Pero no podemos ser autocomplacientes: si queremos superar los retos que tenemos por delante, es vital ensanchar la base y llegar a los 4.000 miembros. Si quieres contribuir de forma decisiva a transformar la realidad, hazte del Sindicat. Con un solo gesto, te ayudarás a ti y a miles.

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