Adama y su familia resisten en Clot

Cuando Adama se vino a Barcelona con su familia, poco se imaginaban que un día llegaría a verse peleando por su hogar, viviendo cada día el miedo de ser expulsados de su barrio a pesar de pagar cada mes el alquiler.

En 2014, Adama y su marido Abdoulaye encontraron un pequeño piso en el Carrer del Clot. El piso tenía algunas deficiencias: la cocina estaba completamente inutilizada y necesitaba reformas. Con su trabajo y empeño lo convirtieron en su hogar, que también comparten ahora con su sobrina y el hijo de ésta, un bebé de 3 meses. Durante todos estos años, la familia ha vivido momentos duros. Lo más difícil fué una operación complicada que hoy le impide caminar y hacer esfuerzos, que supuso que Adama quedara con una discapacidad del 70% y tuviera que dejar su trabajo. A pesar de todos los altibajos, la familia no ha dejado de pagar el alquiler ni un solo mes, tirando de la pequeña pensión de invalidez y del salario de Abdoulaye como jardinero.

Todo cambió radicalmente a finales de 2017, cuando la administración de fincas Guiteras Assessors se puso en contacto con ellos para anunciarles que al terminar su contrato querían reformar la vivienda y subirles el alquiler un 25%. Cuando volvieron a llamar esa misma semana a las fincas para saber más, la subida ya era de un 130%. “Es como están los precios del mercado”, les dijeron. De la noche a la mañana, y como tantas otras familias, la de Adama se había topado con la especulación inmobiliaria.

Lejos de rendirse y resignarse a marcharse del barrio, Adama y Abdoulaye acudieron al Sindicat a principios de 2018, y decidieron unirse a la campaña Ens Quedem: rechazaron firmar cualquier subida abusiva de precio y siguieron pagando lo mismo después de que el contrato finalizase, con la determinación de llegar a un acuerdo con la propiedad. Hasta el momento, la propietaria se ha negado a negociar una renovación de contrato con unas condiciones justas y asequibles para la familia de Adama.

Adama llegó al Sindicato hace más de un año con la desesperación y el miedo a perder su hogar. Hoy acude cada semana a participar en acciones para luchar por los derechos de los demás, y, lejos de enfrentarse sola a quienes quiere echarla de su casa, tiene a su lado al Sindicat de Llogateres.

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