Livia, Juan y sus 3 hijos cumplen 5 meses resistiendo en su casa

“Yo no soy una persona cobarde, soy una persona que le gusta decir las cosas directamente, y que así me las digan”, dice Livia, nuestra compañera del Sindicato de Llogateras, vecina de Gracia desde hace 16 anos. Sólo exige que su casera, Esther Argerich, muestre la misma valentía y se siente a negociar con ellos.

Argerich, le notificó en Junio, cuatro meses antes de la finalización del contrato, una subida del 30% , sobre un alquiler de ya más de 1.000 euros. Esto mediante un burofax de la Inmobiliaria Fincas Caseuro, con instrucciones claras: “firmar, o entregar las llaves”.

No pudiendo asumir esta subida, la familia de Livia, compuesta por su marido y tres hijos, intentó negociar. No podían creer que la persona a la que habían proporcionado una renta de más de 130.000 euros, pagando cada mes el alquiler, cuidando de su piso durante 11 anos, no aceptara sentarse en una mesa con ellos, para entender su posición, “o al menos decirme en la cara por qué ya no me quería en su piso”.

Caseuro Inmobiliaria se negó a actuar como el intermediario neutro que decía ser. “Nos dijeron: ‘si no lo quieres en estas condiciones, pues déjalo’. Mi marido pidió hablar con la propietaria, y les dijeron que ella ya no tenia nada que ver, y que no había negociación posible”.

Para Argerich, mudarse de casa a cualquiera de sus otras propiedades de Barcelona puede ser facil. Para Livia, entregar las llaves significaría abandonar el barrio donde el menor de sus hijos nació y creció, donde tienen a sus amigos, compañeros y donde han formado una vida durante los últimos 16 años.

“Yo no quería salir de mi casa, pensaba que si salía de casa, alguien iba a entrar y cambiar la cerradura, y yo y mis hijos nos quedaríamos sin nuestra casa”.

Agobiados por la falsa elección entre pagar o irse, Livia salió de dudas escogiendo la tercera opción: quedarse y luchar. Leyó un artículo en el periódico sobre el Sindicat de Llogateras, y empezaron a implicarse en las asambleas tanto del Sindicat como de la Oficina d’Habitatge Popular de Gràcia , “Y decidimos quedarnos, porqué vimos que solos no podíamos hacer nada”.

Junto con estos dos colectivos, Livia y Juan siguen en su lucha, y en la del resto de compañeros. “Yo reconozco que muchas personas vivimos en nuestra burbuja, con mi casa, mi familia, mi círculo de amigos…y cuando ves gente que no tiene casa, lo ves algo muy lejano, que no te toca. Hasta que te toca y vives la angustia, la ansiedad, todo…”.

Tras varias acciones con la Ofi de Gracia y el Sindicat, Caseuro Inmobiliaria renunció a seguir administrando el piso. Hemos ganado una primera batalla. Aun así, la propietaria sigue sin recibirnos y sin contestar a nuestros intentos de negociación.

Aunque Livia y Juan no descartan, en un futuro, buscar una nueva casa, más pequeña, no pretenden hacerlo antes de que sus hijos se indepenciden. Y han decidido quedarse y luchar por un nuevo contrato, acorde con la ley, de 5 años, sin ninguna subida abusiva.

El día siguiente a la finalización del contrato, Esther Argerich puso una denuncia, y Livia tiene una primera orden de desahucio el 8 de abril. Si no llegamos a negociar con la propietaria antes, los compañeros del Sindicat y de la Ofi, junto con Livia y Juan, pararemos este desahucio y los demás que pudieran venir. Mientras, seguiremos luchando para poder negociar.

Livia se quedará en la que es, desde hace 12 años, su casa.

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