“Vencimos el miedo a hacer frente a la inmobiliaria y seguimos en casa nuestra”

Hace nueve años que vivo con mi hija de once en nuestro piso cerca del Mercado de Sant Antoni. Toda la finca es de una empresa, Idilia Foods, propietaria de ColaCao y la Nocilla y en lugar de comprar acciones de lo que sea, invierten en pisos. Tienen unos 300 en toda la ciudad. Compraron el edificio antes de que yo entrara y lo reformaron. Yo primero viví con un contrato de cinco años, después me lo renovaron a tres, y pasados estos ocho coincidía coincidía con éste boom de los alquileres y empezaron los problemas. Yo pagaba 700 € y me dijeron que si quería renovar tendría que pagar 1.100 €.

A partir de aquí, la administración de fincas, Principal Primera, ya empezó con la estrategia de acoso y derribo; te insultan, te dicen que eres una mentirosa, amenazas del tipo “si no entregas las llaves enfréntate a las consecuencias”, cosas que yo no había visto nunca, y encima a una vecina y a mí nos dijeron que nos habían enviado unos burofax que nosotros no recibimos y tampoco nos quisieron enseñar ningún comprobante del envío. Un día me llamaron por sorpresa a media mañana diciendo que me podía quedar dos meses más con un alquiler de 900 € y otro me decían que me tenía que marchar ya, que estaba fuera de contrato.

Antes de que me pasara todo esto, ya había escuchado hablar del Sindicato de Inquilinos, y me había parecido una muy buena idea, así que cuando me encontré en esta situación, les escribí y me dijeron que tenía que ir el domingo a una asamblea de Nos Quedamos. Allá empezamos a escuchar los casos de todo el mundo y era como una terapia de grupo: todo el mundo presentaba situaciones muy difíciles, y tenía mucho mérito la delicadeza y el tacto que tenían con los asistentes, porque había gente en situaciones muy desesperadas. Cuando yo dije mi dirección me dijeron que una de mis vecinas ya estaba luchando por su caso con el sindicato y la plataforma Fem Sant Antoni, así que el día siguiente hablé con ella.

Nos dijeron que convocáramos una reunión de la escalera y pensé que por probarlo no perdía nada. Nos encontramos un par de veces. Vino la Marta, que era nuestra delegada sindical, y finalmente escribimos una carta a la propiedad, que firmaron todos los vecinos menos uno. Pedíamos unos alquileres más justos y también nos quejábamos del estado de la finca, que está muy dejada: no limpian, las cañerías pierden agua, la claraboya está rota, está llena de cucarachas, el ascensor a menudo no funciona… Fueron unos cuántos vecinos a los despachos de la propiedad a entregar la carta y al encontrarse tanta gente allí, no los dejaron pasar, pero la inmobiliaria finalmente aceptó recibirlos.

Al consejero delegado de Principal Primera le dije que ni siquiera conocían la finca, porque había visto que los pisos grandes, que tienen unos 75 m2, a veces los anunciaban con un alquiler más bajo que los pequeños de 60 m2 como el mío. De hecho, él no sabía ni que me habían seguido cobrando el alquiler después de la finalización del contrato, pero yo traía todos los comprobantes. Al final acabó preguntandome cuánto creía que podía pagar, y yo dije que 800 €, porque 100 € ya era un aumento importante, y los 400 € que me pedían eran imposibles. Dijo que lo transmitiría a la propiedad y me dijeron que 825 €, como para tener la última palabra.

Al final muchos vecinos se han marchado del edificio, y al piso grande de mi rellano, que estaba anunciado por 1.100 €, ahora han entrado cuatro personas que comparten piso. Se lo pregunté y están pagando 995 €, o sea que decían que estos precios estaban por debajo del mercado pero no han podido ni alquilar por este valor un piso más grande que el mío. Toda esta lucha ha hecho que nos conozcamos y ahora hacemos piña, porque habrá más vecinos que se encontrarán en una situación como la mía.

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