Victorias inquilinas. Un nuevo contrato para Ana: “el miedo puede cambiar de bando”

Me llamo Ana, tengo treinta-y-un años y vivo de alquiler desde los dieciocho. Siempre me había encontrado muy sola ante los abusos de los propietarios y obligada a cambiar de piso continuamente (como la mayoría de la gente que vivimos en Barcelona). Por suerte, esto empezó a cambiar en octubre del año pasado (2020), cuando se me acabé el contrato de alquiler.

Llevaba un tiempo afiliada al Sindicat de Llogateres, aprendiendo de las compañeras y entendiendo que la casa donde vivimos no es únicamente un conjunto de paredes y habitaciones, sino que también es nuestro hogar y si estamos juntas, nadie puede echarnos de él. En aquel momento pagaba un alquiler de 750 €, en la Esquerra de l’Eixample, a pesar de que el contrato inicial fuera de 650 €. Además, mi compañera de piso marchó.

Por este motivo fui a pedir una rebaja del alquilar y a hacer un contrato nuevo. La administradora argumentaba que el índice de referencia de la Generalitat marcaba 830 € para mi piso ¡e insinuaba que aún me estaba haciendo un favor no subiéndome el precio (cuando realmente la ley de regulación de alquileres no lo permitía)! Ante su negativa, y con el apoyo de la asamblea, iniciamos los pasos para empezar una negociación. Tenía claro que no quería (ni podía) marcharme de mi casa otra vez, pero tampoco podía quedarme de brazos cruzados pagando un precio inasumible.

Investigando el propietario de mi piso, descubrimos que el edificio donde vivía conformaba una propiedad vertical: es decir, que todos los pisos de la finca son de la misma familia. Hablamos con todas las vecinas para organizar una asamblea de bloque. Quizá a una no le harían caso, pero si éramos muchas, tendrían que escucharnos. Las vecinas pudimos hablar de las necesidades que teníamos, de las cosas que llevábamos reclamando cada una por su cuenta y que la propiedad había estado ignorando. En aquel momento, a ninguna vecina se le acababa el contrato como a mí, pero sí tenían la necesidad de reclamar la reforma del ascensor… ¡La cual hacía más de treinta años que se reclamaba!

Representadas por el Sindicat, firmamos una carta conjunta todas las vecinas, exigiendo una reunión para abrir una negociación y tratar todas estas demandas. Finalmente, accedieron a reunirse ¡y con una sola reunión conseguimos todo lo que justamente reclamábamos! La reforma del ascensor… ¡Y un contrato nuevo, con un alquiler de 650 €! ¡Gracias a la fuerza de las vecinas y el enorme apoyo del Sindicat queda claro que el miedo puede cambiar de bando!

Força Sindicat!

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